Leche Merengada por Julián López

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¿Cuántas veces se puede morir un muerto?

Transportar restos que desaparecen, transportar un cadáver que se descongela y se pudre.

En el principio de la novela de Paula Tomasonni alguien cuenta que se estrelló un avión, desaparecieron en los Andes las cenizas del abuelo, se despedazaron los cuerpos de los tíos Enriques, odiados en vida pero juntos para siempre y mezclados en su morada final, y un cordero murió a su función navideña, descongelado por los cortes de luz y sospechado de cuerpo del delito por canas que no parecen aptos ni para dirigir el tránsito.

En el principio de Leche merengada también, aunque obedeciendo el mandato de su madre, nuestra heroína la emprende en una cruzada para salvar al plato principal de la Nochebuena familiar pero fracasa, el cordero es ahora presa de todo sacrificio y es un cuerpo que se pudre en un tacho que habrá que desinfectar con lavandina para que no deje rastros.

Ese fracaso inicial de la protagonista, toda protagonista es una heroína, tal vez sea el mejor augurio, el reverso más noble de una historia que atrapa, que entretiene y también lanza tarascones.

Leche merengada es una novela que se muestra ágil y divertida y que apela al humor como una herramienta que le permite no encallar ni prometer un discurso determinado, pero es evidente que Tomassoni enhebra las páginas con puntadas que al principio parecen inadvertidas y después terminan mostrando el tejido de un relato que crece al costado de lo que se cuenta.

Cada escena muestra una luminosidad de la que uno puede desconfiar, no es lo que los personajes revelan, es la sombra que proyectan sobre la familiaridad y la parentela y confirma la hegemonía de un sentido que no admite disputas.  Varones por un lado y mujeres por otro, personajes que se comen su mugre y entran a la historia como extras, pero que revelan cargas de profundidad que contaminan el clima de fondo de la novela, una idea de justicia y ecuanimidad que parece más la ejecución de una pena por la que se castiga a todos y siempre, aún con el trazo hilarante de los momentos que provocan carcajada,: la humillación, el sometimiento, la decepción por destinos que se esperaban rutilantes y terminan bobos.

Hay quienes dicen que basta la sola aparición de un cadáver para que una novela se inscriba dentro del género policial y en ese sentido puede leerse Leche merengada no ya como una novela de pistas sino como  la demarcación de un mapa de criminalidad que incluye y a la vez excede a los personajes y se pone a discutir con la idea de comunidad y de lenguajes que en vez de decir obturan.

No es casual que en el recorrido de Tomasonni el nombre de Rodolfo Walsh sea tan importante, Paula es una atenta estudiosa y productora de ensayos sobre la obra de ese escritor paradigmático y esa pasión por decir, por revelar, por desocultar, trasunta las páginas de esta primera novela que nos hace tan felices poder presentar.

Julián López